Hola! hoy la entrada va de fotografía, y la temática no podía ser de otra cosa si no de lo que está en boca de todos ¡el frío que hace!
Se trata de una serie de imágenes en blanco y negro de algunas de mis salidas por la montaña. Estos años me he encontrado con paisajes verdaderamente asombrosos, que me han dejado sin habla. Y para muestra, estas imágenes que comparto hoy contigo que espero te impresionen tanto como a mí. Mi preferida: la hoja de hielo.
Idea de cómo pasar un domingo perfecto: amigos, montaña y sol. ¿Hay un plan mejor?
Hoy nos hemos propuesto recorrer la preciosa Senda de los Moriscos, señalizada como PR-MU8, que sale desde el pueblo de Ricote y discurre por un paseo circular de 8 kilómetros.
El valle, que trascurre entre la Sierra de Ricote y la Sierra del Oro, fue hasta el siglo XVII cobijo de los últimos mudéjares. Y como si de un museo se tratara, la senda nos va ofreciendo diversas paradas que nos cuentan un poco de historia.
Al poco de comenzar el paseo nos encontramos con los restos de la ermita de Nuestra Señora de las Huertas, nombre muy acorde al entorno que se encuentra, y que data del siglo IX, siendo en sus comienzos una mezquita.
El sendero serpentea entre las casas huertanas, y los lugareños siempre tienen un saludo amable para nosotros. Este es un momento inmejorable para tomar fotos, pues cada camino y cada puerta son sencillamente entrañables.
Uno de los protagonistas de nuestro paseo es el agua. Pequeños canales y acequias del legado árabe recorren toda la huerta, e hicieron posibles lugares como el Lavadero municipal, los molinos o los abrevaderos.
Más adelante encontramos la Casa Forestal y al Mirador de la Calera, desde donde podemos contemplar la huerta en toda su extensión y los morrones al fondo. Y todo ello con un poquito de subida, que no se diga que no nos ganamos la cerveza del final 😉
El sendero pasa a la parte de la umbría y se nos descubre otro paisaje. El Mirador de Solvente y la Ventanica de Ojós serán otros lugares donde querremos detenernos.
Y qué mejor que finalizar con semejantes vistas del valle. Para los que todavía les quedan fuerzas, está la opción de subir al castillo de Ricote, del cual sólo quedan pocos restos, pero desde el que se tiene una visión panorámica de toda la sierra, un último esfuerzo que merecerá la pena.
Quiero hacer la ruta
El inicio sale desde el restaurante El Sordo de Ricote y se encuentra señalizado durante todo el camino. Puedes ver más información aquí.
Dónde comer
En el Restaurante La Fuensanta, buen precio y buena comida. Siempre repito!
Espero que te haya gustado la entrada, nos vemos pronto 🙂
La intensa actividad minera de La Unión nos deja paisajes olvidados, casi de otros mundos, recuerdos de otro tiempo. Un esplendor del que hoy solo queda escombro y silencio. Pero estos lugares inhóspitos nos regalan también su belleza con toda su fuerza.
Los minerales que en ella se extraían, han dejado paso a una tierra de color amarillento, junto con un pequeño lago de colores violáceos y rojizos que hacen las delicias de cualquier cámara.
Todavía quedan en pie los restos de algunos edificios de la mina, así como del lavadero de minerales. Tanto en el lago como en las ruinas, debemos poner especial cuidado de por dónde andamos.
Esta es sólo una pequeña muestra del espectacular paisaje minero, que se esconde a lo largo de la sierra hasta la costa de Portmán. La mina se encuentra a unos dos kilómetros del municipio de La Unión, acceso desde Cartagena por la carretera a La Esperanza.
Seguiremos conociendo las minas en próximas entradas. Y si te has quedado con ganas de saber más sobre este lugar tan peculiar, te dejo aquí un interesante artículo de la Escuela de Ingeniería de Cartagena.
La entrada de hoy es un recorrido por escenas otoñales, en los que el amarillo salpica cada una de las imágenes y se apodera del resto de colores.
Que pases un buen domingo 😉
Hoy vengo a hablar de un lugar de cine, en el que no hay ningún gorila gigante pero su escenario no te dejará indiferente: son las murallas de King Kong. Se trata de unas enormes formaciones calcáreas que pueden verse desde lugares como El Relojero o La Cresta del Gallo, desde donde aparecen como unas grandes paredes de forma irregular a las que los árboles parecen trepar, pero no consiguen llegar.
¿Dónde se encuentran?
Este pintoresco lugar se encuentra en el corazón del Parque Natural El Valle-Carrascoy. Como muchos murcianos, he pasado media vida llamando a esta sierra «el monte», pero quiero hacer un alegato por la dignidad de estas montañas que son algo más que un monte sin nombre, y si no, mira algunos datos:
Este Parque Regional cuenta con 17.410 hectáreas, con cotas máximas en los picos deCarrascoy(1.065 metros) yEl Relojero(609 metros). Destaca su gran biodiversidad: forma parte de laRed Natura2000ya que está considerado comoLugar de Interés Comunitario y comparte parte de territorioZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) por la presencia debúho real(Bubo bubo), eláguila perdicera (Hierastus fasciatus) o eláguila real(Aquila chrysaetos). Desde el punto de vista botánico, en él se citan alrededor de600 especies de plantas diferentes, algunas de gran singularidad y belleza como la orejilla de roca (Lafuentea rotundifolia) o la orquídea gigante (Barlia robertiana).Fuente: carm
Mucho más que un simple monte, ¿no crees?
¿Cómo llego?
Una opción para verlas es subir a La Cresta del Gallo en coche, o bien dando un paseo por la pista forestal que llega hasta las antenas de El Relojero. Ambos son lugares de fácil acceso a los que llegar sin dificultad.
Si no te contentas con verlas desde la lejanía, hay diferentes senderos que llevan hasta su cima, todos ellos señalizados y con dificultades que van desde fácil a moderada.
Una opción de ruta sencilla y para todos los públicos la puedes encontrar detallada aquí:
A nosotros, nos gusta tomar un «atajo» y colarnos por una hendidura de las paredes, un paso bastante vertical que siempre nos hace sudar la gota gorda y que nos lleva directamente a la cima.
Desde lo alto, el paisaje parece como preparado para ser un escenario cinematográfico, y por su aspecto se le conoce comúnmente como «paisaje lunar». Si el día es claro y no hay bruma, hasta se pueden llegar a ver los dos mares e inclusos sus islas. Además, puede observarse de cerca cómo están formadas las paredes, como la erosión ha ido dándoles singulares curvas y haciendo miles de recovecos en ellas.
Este es sin duda un recorrido que merece la pena hacer y que no te dejará indiferente. Espero que disfrutes de este maravilloso lugar con cuidado y respeto, y no dudes en contarme tu experiencia cuando lo visites o si ya lo has visitado.
Sobre Cabo de Palos tengo mucho que contarte, porque es uno de mis rincones favoritos. Incluso para ir en invierno a escuchar el viento y el mar. Es un pequeño pueblo de pescadores que conserva el encanto de antaño y que ha quedado «algo» al márgen del boom inmobiliario.
Hay algunas casas antiguas que son auténticas maravillas. De las de asomarse por la ventana porque el interior es aún más fascinante. Hasta conserva una pequeña oficina de correos con un horario de atención al público bastante especial: 15 minutos al día 😀
En esta entrada puedes ver pequeñas pinceladas del puerto y del pueblo. Pero iré enseñándote muchas más cosas: actividades acuáticas, rutas por los acantilados, calas donde bañarse o sitios donde comer bien. Y por su puesto no se me olvidará su lugar más visitado: el faro.
Como puedes ver, un lugar en el que entretenerse largo y tendido con la cámara de fotos.
Hoy vengo con un lugar que no deberías dejar pasar en esta época del año. Si hay un sitio que se ponga especialmente bonito en otoño, esas son Las Fuentes del Marqués. Se trata un paraje perteneciente al municipio de Caravaca que, gracias a sus árboles de hoja caduca, nos sorprende con una belleza singular.
Es un lugar del fácil acceso al que se llega con coche, al que podemos ir de ruta montañera, a dar un paseo por los sencillos senderos, a tomar fotografías (hasta se hacen reportajes para bodas aquí), a comer en su merendero al aire libre…
Sobre todo es un sitio especial para llevar a los más pequeños. Aquí solían traerme mis padres cuando era niña, y me parecía un sitio mágico, en el que poder jugar con las hojas, corretear entre los árboles y ver alguna que otra ardilla. Incluso un día mi hermano y yo tuvimos una accidental zambullida en el pequeño riachuelo, cosas de niños.
En esta época del año las Fuentes del Marqués lucen el otoño en todo su esplendor. El suelo queda cubierto por una gran alfombra de hojas en la que son pocos los que se resisten a corretear, saltar y rebozarse en ella al estilo croqueta.
Y además de la naturaleza, ¿hay más cosas para ver?
Yacimiento islámico de El Copo
En él aparecieron en unas de las laderas restos de muros de hormigón de cal pertenecientes a una edificación de época musulmana. Se desconoce la finalidad que pudo tener.
Cuevas del Marqués
Se trata de una cueva excavada artificialmente en la roca y que data de época islámica. Sobre la cueva existen una serie de canalizaciones y piletas relacionadas posiblemente con algún tipo de industria artesanal. Pudieran estar relacionadas con los cueros-tintes o con la destilación de alcoholes y plantas aromáticas, ya que éstas son industrias que necesitan agua abundante y corriente, que suelen estar fuera de las ciudades y que en el proceso de elaboración utilizan materias primas que en su día fueron abundantes en la zona.
El Torreón de los Templarios
Se trata en realidad de una edificación santiaguista del siglo XVI -aunque probablemente se erigiera sobre otra anterior construcción templaria del siglo XIII (de ahí el nombre que recibe)-. Este edificio está declarado Bien de Interés Cultural por la Disposición adicional segunda de la ley 16/85 del Patrimonio Histórico Español.
Acceso
Este paraje esta situado a 2 kilómetros del casco urbano en dirección oeste. Se puede acceder a él bien en coche, tomando por la avenida de los Andenes y luego por el Camino de Mayrena o bien andando por el Camino del Huerto. Ambos caminos confluyen, pero los vehículos pueden continuar, pasando por el «Molinico», hasta la zona de aparcamientos debidamente señalizada, y aquellos que vayan a pie pueden seguir por la senda rehabilitada y penetrar a dicho paraje por las Cuevas del Marqués.
Todo el parque está surcado por pistas y caminos que facilitan el acceso y la visita y disfrute de este precioso paraje, alguno de los cuales sirve de puerta a otras pistas forestales que se internan en los barrancos de la Sierra del Gavilán (Barranco del Nevazo y Barranco del Agua).
Como he comentado, en el mismo paraje hay mesas de madera para que lleves tu propia comida. Pero si no eres muy de bocadillos y tupperwares, también hay un pequeño restaurante que puedes ver aquí: http://www.fuentesdelmarques.com/
Y por supuesto no podíamos acabar sin recorrer un poco el lugar ¿no te parece?
Tantas tonalidades como puedas imaginar.Un trocito de campo en el que jugar a cualquier deporte.Este pequeño riachuelo será sin duda la mayor atracción de los niños.Merendar en el bosqueEstas pequeñas son algo asustadizas, así que ¡tendrás que ser rápido con la cámara!Unos reflejos sobre el río.
El pasado domingo era día de ruta por la montaña y nos acercamos a una pequeña aldea del interior de Murcia, perteneciente a Moratalla, llamada El Sabinar. Muy cerquita de otros pequeños pueblos como Archivel, Barranda o el Campo de San Juan. Es uno de esos lugares donde el frío está asegurado a pesar de que en la capital ni nos enteremos de que es invierno. Desde esta población se pueden hacer varias rutas de distinta dificultad, subiendo montaña o llaneando.
El paisaje en esta época del año me enamora. Y aunque el tiempo no acompañaba, la niebla y la lluvia le dieron al paseo un aspecto puramente otoñal.
La madera ya preparada y lista para calentar los hogares.El fruto de uno de los árboles que podemos encontrar en nuestra ruta y que da nombre a la aldea: El Sabinar.Que buen sitio para partir unas almendras, o para esta época, unas nueces de Nerpio 😉El camino dibujado por el agua.Los restos de un antiguo cortijo que todavía conserva esta espectacular puerta de madera.Algunos tejados del pueblo bajo el manto de la tormenta.
El atardecer es uno de esos momentos que tanto nos gustan para fotografiar, pues la luz y los colores son algo realmente único. El paisaje, las personas y los objetos cambian bajo el baño esta luz dorada.
Tomar fotos del cielo al atardecer se convierte casi en un juego de velocidad, en el que la luz y las nubes cambiantes hacen que cada disparo sea diferente al otro. A veces contemplamos escenas de colores y nubes maravillosos que cuando vamos a fotografiar simplemente ya desaparecieron. Y por eso aquello del juego, que en mi caso me hace ir corriendo a la azotea, con ese atuendo de estar por casa-que no me pille ningún vecino, para intentar captar el baile de luces y nubes.
¿No te da la impresión de que el cielo pareciera estar derrumbándose sobre la ciudad?